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Cuando la presión pulmonar se eleva

La hipertensión pulmonar es una condición seria, poco conocida y agresiva. Se produce por un aumento de la presión en las arterias de los pulmones. Como resultado, la presión sanguínea en estas arterias se eleva a niveles mucho más altos de los normales. Esta presión alta anormal pone demasiada tensión en el ventrículo derecho del corazón, lo que causa que aumente de tamaño.

Debido a que tiene demasiado trabajo y a que ha aumentado de tamaño, el ventrículo derecho se debilita gradualmente y pierde su habilidad para bombear suficiente sangre hacia los pulmones.

Su incidencia puede ser bastante alta en pacientes con enfermedades cardíacas y pulmonares crónicas: una buena cantidad de esos pacientes pueden tener hipertensión pulmonar.

Así lo afirma el neumólogo dominicano radicado en los Estados Unidos Francisco Álvarez, quien labora en el Departamento de Trasplante de la Clínica Mayo de Jacksonville.

El doctor señala que este es un padecimiento muy difícil de diagnosticar debido a que a menudo no se detecta en una exploración física de rutina. Incluso cuando la enfermedad está más avanzada, los signos y síntomas son similares a los de otras afecciones cardíacas y pulmonares.

El Dr. Álvarez explica que puede producir resultados catastróficos, porque es una enfermedad asintomática. Los síntomas aparecen cuando la enfermedad ya está en etapa avanzada.

Sintomatología. El síntoma más característico es la sofocación, que se puede manifestar a cualquier hora del día, con el simple hecho de caminar pocas distancias.

Además, el afectado presenta mareos o desmayos, dolor de pecho, molestia en las piernas, pulso acelerado…

Álvarez explica que la patología se clasifica en cinco grupos: tipo 1, que afecta generalmente a pacientes jóvenes, pero también a quienes padecen sida e individuos con enfermedad cirrótica; tipo 2, que está asociada a enfermedades cardíacas, y por su naturaleza es más frecuente en personas de edad avanzada con hipertensión, diabetes, obesidad; tipo 3, relacionada con padecimientos de pulmón, por ejemplo, enfisema o fibrosis pulmonar; tipo 4, que se presenta por embolismo crónico (se forman coágulos de sangre en el pulmón); y tipo 5, que se vincula a enfermedades raras como sarcoidosis o anemia falciforme (que aunque en la República Dominicana es común, en muchos países se considera extraña).

El neumólogo, quien estuvo en el país para participar en la XVI Jornada Científica dedicada a la memoria del doctor Juan Manuel Taveras Rodríguez, organizada por el Centro de Diagnóstico Medicina Avanzada y de Conferencias Médicas y Telemedicina (Cedimat), refiere que dentro de esta clasificación las más comunes son la tipo 2 y 3, es decir, relacionadas a enfermedades cardíacas y pulmonares. Sostiene que las personas con estos padecimientos tienen un 50 % de probabilidad de tener hipertensión pulmonar.

Apunta que se presenta en la misma magnitud en hombres y mujeres, y que la tipo 2 y 3 tienen mayor incidencia después de los 50 años.

Además de las enfermedades antes mencionadas, otro factor de riesgo de la hipertensión pulmonar es el uso de ciertas medicinas, por ejemplo, las que se emplean para bajar de peso, como metanfetaminas.

Diagnóstico. Álvarez señala que el médico detecta la enfermedad más bien por sospecha, porque sus síntomas son muy parecidos a otros padecimientos.

Si el doctor sospecha de la hipertensión pulmonar procede a indicar varias pruebas para diagnosticarla, determinar su gravedad y averiguar su causa.

Sostiene que el ecocardiograma es la mejor prueba para detectarla, sin embargo, el problema es que el eco, a veces, no arroja el diagnóstico. “Hay que saber leerlo muy bien, por eso debe buscarse un buen médico”, enfatiza.

Una vez se tiene el diagnóstico, debe indagarse la causa, eso amerita un cateterismo, que no es el que hacen para ver enfermedades coronarias, sino uno que sirve para pasar un catéter desde el ventrílocuo derecho hasta la arteria pulmonar, para medir las presiones.

“Eso es muy importante porque permite ver a qué nivel está el problema, si está a nivel de la parte izquierda del corazón, de la vena, del pulmón o de la arteria pulmonar”, afirma.

Tratamiento. “Antes tener hipertensión pulmonar era una condena de muerte, pero con los avances de la ciencia, aunque no existe cura, la hipertensión pulmonar se controla”, revela.

En años pasados, había un solo medicamento y era intravenoso. Ya se ha avanzado, y hoy hay medicinas inhaladas y pastillas muy efectivas.

“Cuando la afección es severa hay que hacer un trasplante de corazón o pulmón; si el corazón todavía está funcionando bien se trasplanta solo el pulmón, y si el corazón falla hay que trasplantar ambos”, confiesa.

Después del trasplante, el proceso de recuperación depende de la edad y el avance de la enfermedad. Algunos pacientes pueden guardar reposo solo un mes, mientras otros requieren permanecer hasta seis meses.

Crear conciencia en RD. El médico dice que lamentablemente la realidad de la hipertensión pulmonar en el país es bastante tenebrosa, y lo mismo sucede en muchos países, porque el diagnóstico se retrasa dos y tres años por la falta de sospecha y, además, el tratamiento es muy caro.

Señala que si creamos conciencia entre los médicos de atención primaria de lo que es la afección, cómo se manifiesta, cuándo sospechar, entonces se podría mejorar mucho.

Asimismo, en el país hay buenos centros que ofrecen servicios para enfermedades como esta.

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